LA GUITARRA COMO PROTAGONISTA EN LA BÚSQUEDA
TÍMBRICA LATINOAMERICANA DEL S. XX
María Luisa Lens
El siglo XX, sobre todo la segunda mitad, es reflejo de una necesidad
expresiva, que posiciona a todas las ramas del arte y a la música en especial,
en un lugar de privilegio, enraizado a un pasado, un presente y un futuro,
siempre peregrinos en un camino de búsquedas y encuentros. La necesidad
expresiva y de búsqueda constante está relacionada también con la búsqueda
tímbrica, el descubrimiento de nuevas propuestas sonoras y un marcado deseo por
encontrar un lenguaje propio.
En el siglo XX -rico en variedad de líneas de pensamientos, lenguajes,
métodos, técnicas y recursos-, el músico explora lo tímbrico desde el elemento
más rudimentario hasta llegar a límites tal vez no soñados antes. Somos
testigos de un sin fin de procesos de búsquedas y encuentros en el que todos
los centros culturales del mundo tienen un protagonismo que los identifica y
diferencia. Latinoamérica está inmersa en ese mundo, que busca, explora,
descubre, crea, pero estas acciones dicen relación directa con la necesidad de
búsqueda de una identidad cultural.
Los compositores latinoamericanos son protagonistas de los cambios, los
descubrimientos, las nuevas propuestas sonoras y los procesos creativos, que
emergen de su imaginación. Mientras transitan por ese camino del que hablábamos
antes, observan la realidad que los rodea, evadiéndola, a veces, conservándola
o transformándola, otras, pero siempre bajo la guía de una mirada
fundamentalmente introspectiva.
El siglo XX es testigo del surgimiento de un sin número de lenguajes
personales, libres, que traen implícito una evolución de la textura y de la
forma y el surgimiento de nuevos timbres, de instrumentos musicales
experimentales, electroacústicos, sumados a formas novedosas, no tradicionales,
de ejecución de instrumentos convencionales. Como ejemplo, diremos que son
diferentes el piano preparado de John Cage
y el piano preparado de César Franchisena[1].
Si bien ambos parten de un mismo principio: el piano preparado, cada uno
tiene un sello personal, impreso por el compositor en el momento de la génesis
de la obra.
La guitarra -normalmente asociada a la música folklórica y popular- no está
fuera de todos estos procesos creativos, que nacen dentro de la llamada música académica.
Los compositores latinoamericanos contemporáneos exploran en la guitarra
una amplia gama de técnicas y recursos, con diferentes modos de ejecución,
convencionales y no convencionales, que incluyen elementos ajenos y otras acciones
del intérprete, fuera de la ejecución del instrumento.
El sello personal -tan presente en el grupo de obras analizadas en el marco
del proyecto El tratamiento tímbrico en la creación musical latinoamericana
del siglo XX-, enmarcado en una propuesta tímbrica igualmente personal, se
encuentra en un elevado grado en las siguientes obras, sobre las que
dirigiremos nuestra mirada en este escrito: Tientos del véspero (1991),
de Alfredo del Mónaco; Tres instantáneas (1982), de Manuel Enríquez; Sonoridades
(1990-91), de Dante Grela; Paisaje cubano con campanas (1986), de
Leo Brouwer.
Tientos del véspero (1991) es la única obra para guitarra solista del
compositor venezolano Alfredo del Mónaco (1938). Del mismo año es Tientos de
la noche imaginada, para guitarra y orquesta; cierran su producción
guitarrística las seis piezas que
conforman las Visiones del Caminante (1995), para dos guitarras y Aforismos,
para flauta baja y guitarra. Todas estas obras fueron compuestas entre los años
1991 y 1998. Si observamos el catálogo de sus obras, notaremos que un elevado
porcentaje de las primeras son electroacústicas (1967-1974) y mixtas. Del
Mónaco propone en Tientos del véspero una guitarra tímbricamente
más completa, una guitarra nueva, cercana al lenguaje electroacústico y
basada en los siguientes tipos de empleo
de la fuente:
*
modos de acciones en el
instrumento, convencionales y no convencionales, tales como tambora sobre
cuerdas cruzadas, pizzicato a la Bartók, golpes detrás de la tastiera, sobre la
madera, etc.,
* modos de
acciones en el instrumento con elementos ajenos al mismo; para la ejecución de esta pieza el
instrumentista requiere de una cuchara mediana y un diapasón... [2].
Hay 13 recursos presentados por el compositor en las indicaciones;
poseen un número, que corresponde al orden de aparición en la pieza. Estos
recursos o modos de ejecución generan objetos sonoros, con una naturaleza
propia que los identifica y los hace claramente perceptibles, son personajes
tímbricamente definidos. Estos objetos sonoros se presentan en escena de manera
gradual e interactúan entre sí a manera que aparecen. Interactúan, además, con
otros objetos sonoros, personajes, no indicados con un número
referencial, tales como los arpegios de cc.1-2, los sonidos armónicos en grupos
de fusas al inicio del tiento y otros de carácter más melódico, octavados, cantabile, o de mayor presencia
rítmica, con notas repetidas, un poco agitato.
Todos estos objetos sonoros tienen su importancia dentro del total del
proceso compositivo, la diferencia está en que unos tienen mayor presencia
tímbrica y otros mayor presencia melódica o rítmica. Cada recurso buscado y
logrado, lejos de ser un efecto añadido producto de un gesto
externo aparente, es parte integral de la pieza misma, porque es el
elemento compositivo[3]
generador. La interacción intrínseca de estos configura el color
estructural de la obra, vinculándose a él
los elementos estáticos o dinámicos[4].
¿Una guitarra que habla
de pasado, presente y futuro?
¿Del Mónaco nos ubica con esta obra frente a lo concreto y lo abstracto
como los isótopos de lo real?[5] Lo convencional y lo no convencional, todo
forma parte del mensaje musical, que no se agota en un conjunto de
relaciones significado-significante[6].
Se mezclan, comulgan, en estos tientos, la naturaleza de la fuente y los tipos
de empleo de la misma. Ambos componentes son importantes no en sí mismos sino
por la resultante -la obra musical-, emergida de una imaginación creadora, que
en el camino de la búsqueda, encuentra un lenguaje musical original, coherente,
representativo y renovador.
En la basta producción del compositor mexicano Manuel Enríquez (1926-1994)
-iniciada en 1949 y finalizada el año de su muerte-, figuran tres obras para
guitarra: Poemario (1976), para dos guitarras, Tres instantáneas
(1982), única obra para guitarra solista y Concierto para dos guitarras y
orquesta sinfónica (1985). A diferencia de del Mónaco, Enríquez posee muy
pocas obras electroacústicas o mixtas y su camino compositivo recorre gran
variedad de fuentes y tipos de empleos de las mismas.
En Tres instantáneas el compositor basa su nueva propuesta sonora en
tres aspectos fundamentales, introducidos ya en Poemario:
1. empleo de la fuente sonora, con recursos
convencionales y no convencionales, que incluyen modos de acciones en el
instrumento, sin utilización de elementos ajenos y una acción el intérprete,
fuera de la ejecución del instrumento: chasquear los dedos;
2. empleo de movilidad aplicada a
forma, duraciones, alturas y registros. Los espacios entre las líneas horizontales
indican el registro total del instrumento, así el intérprete calculará la altura
con imaginación y siempre distinta[7],
3. empleo de grafismos, de nuevos símbolos gráficos,
que sugieren acciones sonoras globales al intérprete. Este punto en estrecha
relación al anterior.
La expresión el intérprete calculará la altura con imaginación y siempre
distinta y otras similares, como la obra exige de una manera evidente...
imaginación y fantasía de los intérpretes[8], indican cuál es el punto de partida del compositor
y hacia dónde ha dirigido su búsqueda.
La guitarra de Enríquez adquiere protagonismo no tanto por la cantidad de
modos de acciones empleados sino por el grado de libertad otorgado al
intérprete, acentuado por la utilización de nuevos grafismos. El compositor
quiere que el intérprete se involucre creativamente en la obra, que sea parte
de ella, quiere incluir en su repertorio de medios expresivos toda la
riqueza psíquica de un individuo[9].
Con las proporciones de azar y determinación expresamente indicadas -aleatoriedad
controlada-, las resultantes serán diferentes, según el rumbo que -con imaginación
y fantasía, pero cuidando siempre la proporción tiempo-espacio[10]-,
decida cada guitarrista.
En Tres Instantáneas -concebida sobre la base de objetos sonoros de
fuerte presencia tímbrica y rítmica- se unen nuevamente lo concreto y lo
abstracto, configurándose un color estructural, resultante de un proceso
compositivo, que recuerda por momentos a las primeras obras abiertas de K.
Stockhausen y a A.
Boucourechliev. Decimos por momentos, porque existen felices diferencias, que
imprimen un sello personal en los lenguajes de estos músicos.
Stockhausen en su Klavierstuck XI (1956), otorga cierto grado de
aleatoriedad a los tempi (seis), intensidades (seis), formas de ataque -que no
pueden ser cambiadas- y a la forma[11],
no así a alturas y duraciones. Boucourechliev en su Archipiel 4 (1969),
otorga mayor libertad que Stockhausen, ya que los tempi (nueve), las
intensidades(nueve), los registros y las duraciones pueden ser cambiados por el
intérprete. Está claro que la búsqueda de Stockhausen está encaminada a
cuestiones formales, más que tímbricas
y la de Boucourechliev a cuestiones tímbricas y formales, pero con
mayor acento a las tímbricas.
Enríquez realiza una cuasi
serialización de los objetos sonoros (con diferentes formas de
ataque), los tempi y la dinámica, que son fijos, pero diferentes en cada unidad
formal: I, con cuatro tempi, uno para cada una de las cuatro
sub-unidades; cada sub-unidad tiene indicaciones de las cuatro intensidades
propuestas por el compositor para esta unidad (ff, f, mf, p);
II, con un tempo y tres
intensidades para las siete secuencias (p, pp, ff); III,
un tempo y cuatro intensidades (ff, f, mf, pp),
para cinco sub-unidades; coda, con el mismo tempo de III y tres
intensidades (fff, ff, p). La obra totaliza seis tempi y
seis intensidades. Estos aspectos acercan al compositor mexicano a Stockhausen,
pero lo alejan de él la indeterminación aplicada a alturas, registros y
duraciones, más cercana a Boucourechliev.
Enríquez -como Boucourechliev- construye su obra sobre un campo
melódico-armónico estructurado con una interválica común a todos los segmentos
de las secciones II, III y coda[12],
con predominio de cuartas y quintas justas. Cada ejecución siempre se basará en
un esquema espacial unitario articulado sobre este intervalo fundamental.
Secciones |
Segmentos |
2ª m
(e inversión)
|
2ª M
(e inversión)
|
3ª m
(e inversión)
|
3ª M
(e inversión)
|
4ª y 5ª J
|
4ª +
(e invers.)
|
8ª
|
II |
1º
|
1
|
0
|
0
|
0
|
2
|
0
|
0
|
2º
|
2 [13]
|
0
|
0
|
0
|
1
|
1
|
0
|
|
3º
|
2
|
0
|
1
|
2
|
2
|
3
|
0
|
|
4º
|
0
|
0
|
1
|
1
|
1
|
0
|
0
|
|
5º
|
0
|
0
|
1
|
1
|
2
|
0
|
0
|
|
6º
|
1
|
0
|
0
|
3 [14]
|
1
|
2
|
0
|
|
7º
|
0
|
10
|
1
|
1
|
9
|
5
|
0
|
|
TOTAL
|
6
|
10
|
4
|
8
|
18
|
11
|
0
|
|
III, 3º |
1
|
0
|
0
|
2
|
2
|
1
|
0
|
|
Coda |
6
|
1
|
6 [15]
|
3
|
7
|
1
|
0
|
|
TOTAL
|
13
|
11
|
10
|
13
|
27
|
13
|
0
|
|
Porcentaje
|
14,94%
|
12,64%
|
11,49%
|
14,94%
|
31%
|
14,94%
|
0%
|
|
Lo mismo ocurre con los ámbitos
melódicos de los segmentos y de las diferentes simultaneidades: II, segmentos 1º y
5º, ámbito de 3ª m; segmentos 3º y 7º, ámbito de 2ª menor; segmentos 2º y 4º,
ámbito de 4ª aumentada; segmento 6º, ámbito de 5ª justa; III, segmento
3º, ámbito de 2ª mayor; la coda es el único segmento cuyo ámbito es de
8ª.
La partitura define un espacio sonoro virtual y no
solamente un espacio sonoro posible[16].
El azar forma parte del total del proceso compositivo, no constituye un fin en
sí mismo sino que la interacción de éste con los demás elementos generadores,
da como resultante un color sonoro que enmarca la idea enriqueana de equilibrio
expresivo, en donde ritmo, melodía, armonía, tienen la misma importancia
que timbre.
La producción musical del compositor argentino Dante Grela es prolífica y
abundantes son las fuentes sonoras utilizadas y los tipos de empleos de las
mismas. De creatividad inagotable, su
impronta está presente siempre, ya sea en sus escritos, en sus clases o en sus
obras musicales. Desde su juventud creadora, transita el camino búsqueda-encuentro,
a través del descubrimiento tímbrico, sometiendo la materia sonora a procesos
de transformación, mezcla, espacilización, desarrollando y jerarquizando a través
del timbre otros aspectos: altura, textura, duraciones, forma, espacio y
dinámica, a fin de plasmar la obra musical y su entorno expresivo.
Las obras para guitarra que figuran en su catálogo son: Música
(1973) y Sonoridades (1990-91), para guitarra sola, Reflexiones sobre
el tiempo (1976), para guitarra y piano, Paisaje imaginario (1980)
para guitarra y grupo de cámara, Oráculo (1982), para contralto,
guitarra y grupo de cámara, Memorias (1984), para flauta en sol,
percusión y guitarra.
Sonoridades presenta similitud con la obra de Enríquez en
cuanto a la parquedad de recursos no convencionales utilizados, que hacen al
tipo de empleo de la fuente sonora. Como en del Mónaco, en Grela, el lenguaje
electroacústico y mixto está presente desde su inicio compositivo. Las sonoridades
de esta guitarra tienen cierta reminiscencia de aquel. La obra existe en
tres versiones posibles: para guitarra sola (versión original), para guitarra y
sonidos electroacústicos o para sonidos electroacústicos solos[17].
¿Una fuente sonora tradicional que se enriquece con la fuente
electroacústica o la electroacústica que se enriquece con la tradicional? Ambas
existen y no pierden su independencia; como fuentes son generadoras,
tienen su principio y fundamento, manteniendo, a la vez, una relación
centrífuga y centrípeta en la propuesta creadora de Grela, que busca generar un
campo híbrido entre ambos tipos de materiales sonoros[18].
El campo melódico-armónico de Sonoridades
se encuentra estructurado -como veremos a continuación- sobre la base de una
interválica común, con predominio de 2ª menores
1ª unidad formal
|
2m / 7M
|
2M / 7m
|
3m / 6M
|
3M / 6m
|
4j / 5j
|
4+ / 5d
|
8ª
|
Página 1-3
|
37
|
13
|
3
|
10
|
9
|
30
|
2
|
2ª unidad formal
|
|||||||
Páginas 4-5
|
119
|
6
|
3
|
31
|
63
|
124
|
11
|
3ª unidad formal
|
|||||||
Páginas 5-8
|
34
|
5
|
3
|
10
|
15
|
30
|
3
|
TOTAL
|
190
|
24
|
9
|
51
|
87
|
184
|
16
|
porcentaje
|
33,86 %
|
4,27 %
|
1,6 %
|
9,09 %
|
15,5 %
|
32,79 %
|
2,85 %
|
(7ª
mayores) y 4ª aumentadas (5ª disminuidas). Este campo melódico-armónico se
encuentra jerarquizado y enriquecido por la variedad de la dinámica -cuyo rango va desde pppp hasta ff (il più poss.)- y la elevada frecuencia de cambio de la
misma.
Cada unidad formal se encuentra diferenciada tímbricamente. La guitarra de
la primera y la tercera unidad formal es una fuente sonora sometida a procesos
de espacialización. Cada nota, cada simultaneidad se presenta como si quisiera
prolongarse indefinidamente en el tiempo. ¿Hay aquí un acercamiento a la
electroacústica? Es posible. ¿Y si la electroacústica fuera reflejo de la
presencia constante de sonido en el universo desde la creación misma? Entonces,
podríamos decir que la permanencia de esas sonoridades en el tiempo y el
espacio, en la obra de Grela, son testigos de las sonoridades que existen en el
universo desde su creación. Los dos tipos de fuentes existen, simultáneas, independientes, hibridizadas
e hibridizantes, sobre una concepción primigenia subyacente y unitiva.
Frente a esta cuestión, emerge una segunda unidad -tal vez más
guitarrística-, caracterizada por segmentos recurrentes en grupos de siete
septillos de semicorcheas, a veces interrumpidos por silencio de semicorchea
(desplazamientos métricos), cuyas alturas son sometidas a procedimientos de
transformación (transposición a la octava, retrogresión). Esto unido a la
interválica descripta y a una dinámica más estable, genera un espacio tímbrico
particular y diferente, que contrasta con las otras dos unidades formales.
Grela dirige su mirada hacia las sonoridades o colores tímbricos obtenidos de las combinaciones
de alturas, dinámica y de la relación de estos con el tiempo y el espacio.
Construye un espacio sonoro directamente relacionado con las configuraciones de
altura y dinámica, es decir que la materia sonora en sí misma se convierte
en el eje del proceso compositivo, a través de una ´focalización´ de la
percepción en los aspectos tímbricos, dinámicos y texturales de la obra[19].
El cubano Leo Brouwer se posiciona en
sus comienzos como guitarrista-compositor;
a ello debemos la vasta producción de obras para este instrumento, en
donde la guitarra es siempre protagonista, ya sea por ser solista como por
formar parte de infinidad de grupos de cámara.
Es el compositor del siglo XX que más se ha preocupado y ocupado por
generar un repertorio más amplio para este instrumento. Leo Brouwer es sinónimo de una guitarra que de vernácula y popular se
convierte en nacionalista tonal, internacionalista, atonal, abierta
(aleatoria), preparada, minimalista y amalgamadora estilística.
Desde sus contactos con la música
vernácula cubana enraizada en los rituales africanos, pasando por un lenguaje
atonal, libre, personal y vanguardista hasta llegar a la Nueva Simplicidad[20],
Brouwer ha encaminado su búsqueda hacia una fusión evolutiva, un cambio
gradual hacia adelante[21].
Para él, todos los estilos y tendencias constituyen herramientas eficaces para
encontrar un lenguaje musical original e
innovador, lenguaje con fusiones del ayer y del hoy. Esta nueva simplicidad recoge los elementos
esenciales de la música popular, la música académica y de la misma vanguardia,
que me sirven para dar contrastes a grandes tensiones[22].
Leo Brouwer ha logrado universalizar un lenguaje propio, completo y acabado en encuentros,
surgidos de la necesidad de una búsqueda tímbrica y expresiva.
Paisaje cubano con campanas, para guitarra sola, es una obra que nada
tiene que ver con el neoclasicismo nacionalista brouwerniano de los inicios
-aclaración hecha por lo que podría sugerir el título- sino con la búsqueda de
una Nueva Simplicidad, reflejada en la parquedad de los recursos
guitarrísticos utilizados y en la parquedad del proceso compositivo, centrado
en la repetición y recurrencia (minimal music).
La espiral eterna (1971), El decamerón negro (1981), Sonata
(1990) -todas obras para guitarra sola- son claros reflejos de un lenguaje similar,
pero mucho más cercano a este Paisaje, tímbricamente, son Paisaje
cubano con lluvia (1984) y Paisaje cubano con rumba (1985), ambas
para cuatro guitarras. En estas obras, Brouwer fusiona el minimalismo con la aleatoriedad y la guitarra
preparada. Prolongan la serie de Paisajes, Paisaje cubano con tristeza
(1996 o 1999), para guitarra sola.
En Paisaje cubano con
campanas, el grado de importancia del timbre dentro de la construcción de
la forma es elevado; las cuatro unidades
formales se encuentran claramente
diferenciadas por el timbre. Brouwer presenta una guitarra que evoluciona, que
cambia tímbricamente hasta el punto de parecerse a otros instrumentos. Una
guitarra que muta desde la sonoridad más convencional (primera y segunda
unidades formales), la más semejante a un idiófono punteado (segunda unidad
formal) hasta aquella que recuerda a algún cordófono oriental (tercera unidad
formal), en donde se suman a los recursos repetitivos e instrumental, una pentafonía que subyace.
La utilización de recursos
repetitivos, tan presentes en la música de África, Asia y en grupos étnicos
latinoamericanos, está reflejada en distintos grados y es casi una constante en
la música de Leo Brouwer. Como en la
música africana, en Paisaje cubano con campanas, la repetición podría reflejar comunión con la palabra, ya
que para la cultura africana, las palabras son tan poderosas -hasta mágicas-,
que las canciones se conciben de un modo
vocal, aunque luego sean instrumentales.
En la concepción misma de la música africana
está presente la variedad tímbrica, manifestada a través del ritmo, la
dinámica, los acentos, los artificios ornamentales, la variedad de instrumentos
musicales, las técnicas de canto, que varían según la tribu, y el empleo de
adornos, aspectos relacionados íntimamente a las influencias de otras culturas,
como, por ejemplo, la árabe. Según esto, ninguna idea musical será repetida
exactamente igual:
* los acentos
de la melodía cantada pueden estar o no
de acuerdo con los golpes principales del ritmo de percusión, debido al
gusto africano por los ritmos cruzados, desplazados, los juegos rítmicos y el
uso de diferentes métricas en una misma pieza;
* los artificios ornamentales, de los cuales el
más común es el ir subiendo la primera nota de una frase e ir bajando la
última. Las notas se “inclinan” a menudo, y muchas canciones se gritan más que
se cantan... Sólo falta recordar que las técnicas de canto son muy flexibles y
variadas[23];
* la variedad de instrumentos musicales, que
incluyen no sólo tambores (usados muy moderadamente por muchas tribus), sino
también instrumentos de cuerdas, de vientos e idiófonos de variados materiales.
Paisaje
cubano con campanas representa una
síntesis simple y fusionada de cuestiones musicales, fundamentalmente tímbricas
y extramusicales, cuestiones que tienen que ver con la historia, con la cultura
de pueblos, cuya existencia se remonta hasta casi perderse en el tiempo. Como
ya dijimos, la guitarra de esta obra refleja una organología afro-cubana, pero
lograda con recursos convencionales y no convencionales de un único
instrumento. El oyente sabrá encontrar percusión, cuerdas, ¿y
voces humanas?, ¿qué más?:
* hay una concepción vocal de las estructuras
presentes, ¿cuáles serán las palabras mágicas que ocultan?,
* el efecto tímbrico que produce el subir la sexta
cuerda a fa y luego bajarla[24],
generando campos sonoros superpuestos por estratos, ¿cita tal vez del artificio
ornamental vocal, antes descripto, ir subiendo la primera nota de una frase
e ir bajando la última?,
* los cambios métricos, la rítmica interna,
lograda por desplazamientos, juegos rítmicos,
* el tratamiento melódico-armónico que genera un
campo sonoro fundamentalmente enmarcado por la permanencia por reiteración,
generando a la vez campos superpuestos,
* la variedad de la dinámica.
Nuevamente
nos encontramos frente a una guitarra que habla de pasado, presente y
futuro. El lenguaje de Leo Brouwer en ese hablar resulta ser unificador,
original, personal y libre. En este sentido, se acerca al de los otros compositores
tratados en este artículo y he aquí, tal vez, la característica principal de la
música latinoamericana del siglo XX: la multiplicidad de lenguajes personales y libres, universales
pero a la vez particulares, inconfundibles y tan latinoamericanos como la
identidad a la que representan.
Después de tantos años de
recorrer caminos de búsquedas tímbricas, formales, texturales, expresivas, culturales, los
músicos latinoamericanos han encontrado diversos lenguajes, enraizados con las,
también, diversas razas y culturas que, amalgamadas, edificaron Latinoamérica.
Del Mónaco, Enríquez, Grela,
Brouwer y tantos otros han encontrado los canales de creación, que los
identifica, distingue y hace del problema de identidad cultural una
cuestión interesante y fructífera para la reflexión, tal vez sobre nuestras
raíces, nuestro ayer, hoy y mañana, pero no es una cuestión que se refleje
negativamente en la obra musical misma, perjudicándola con indefinición o
inseguridad o alguna otra in.
Esta afirmación -de sonoridades categóricas- se encuentra
respaldada por el total de partituras analizadas, en las que prima la
imaginación creadora personal, original, coherente, representativa,
amalgamadora y renovadora, en síntesis, esa es la identidad del músico
latinoamericano.
En el grupo de obras estudiadas existe un elevado grado de importancia del
timbre dentro del total del proceso compositivo, que afecta, se enriquece y
retroalimenta con aspectos formales, texturales, rítmicos, dinámicos, de
organización de las alturas y armónicos. ¿Cuáles son los aspectos tímbricos
presentes en estas obras y que constituyen una parte esencial de este ser
latinoamericano? Los resumimos:
1. tipos de empleo de la fuente sonora
a. modos de acciones en el instrumento,
convencionales y no convencionales, pero con un elevado grado de esta última
(Del Mónaco);
b. modos de acciones en el instrumento con elementos
ajenos al mismo (Del Mónaco);
c. modos de acciones del intérprete, fuera de la
ejecución del instrumento (Enríquez).
2. tendencias, lenguajes que actúan
directamente sobre timbre
a.
utilización de recursos repetitivos (Brouwer, Grela);
b.
no-discursividad, con énfasis en lo tímbrico y lo espacial (Enríquez, Del
Mónaco, Grela, Brouwer);
c.
movilidad aplicada a las alturas, los registros, la forma y las duraciones
(Enríquez);
d.
utilización de recursos derivados de las músicas gráficas, que 1.
indican acciones específicas (Del Mónaco, Enríquez), 2. sugieren
acciones sonoras globales (Enríquez).
3. elementos extramusicales
a.
cuestiones relacionadas a posturas reflexivas: existencia, origen, razón de
ser, cultura, identidad (Grela, Enríquez, Brouwer);
b.
cuestiones rito-cultuales y culturales étnicas.
Finalmente,
creemos oportuno realizar algunas reflexiones que nada tienen que ver con cuestiones
tímbricas sino con el estudio, interpretación y difusión de la producción
guitarrística latinoamericana del siglo XX -e incluiremos también la producción
del novato siglo XXI.
A pesar de los logros
enriquecedores de nuestros creadores, los intérpretes, en su mayoría, han
caminado por sendas divergentes. En efecto, hay una gran desconexión entre la
producción total de los músicos latinoamericanos contemporáneos -que es
abundante- y las obras que normalmente son interpretadas. Salvo raras excepciones,
salen a la luz, son escuchadas y difundidas sólo aquellas obras de tendencia
nacionalista o neoclásicas. El resto, queda en el olvido.
La música latinoamericana
contemporánea requiere de intérpretes sin prejuicios, que profundicen en los
nuevos códigos de lecto-escritura musical
y se sumerjan como co-creadores con el compositor, con un mayor
compromiso creador, ampliando así el espectro expresivo de la obra misma, a
través de la incorporación de la riqueza
psíquica del intérprete, de su imaginación y fantasía.
El prejuicio hacia aquellas obras raras,
que suenen diferente, está presente no sólo en los intérpretes sino
también en importantes instituciones formadoras de músicos de toda
Latinoamérica.
BIBLIOGRAFÍA
GRELA (Dante), Los
lenguajes del siglo XX en la producción musical de Latinoamérica, informe
final, Santa Fe, ISM-UNL, 1996.
LENS (María
Luisa) y OTROS, Expresiones del repertorio guitarrístico contemporáneo en
América Latina, trabajo de investigación presentado en la Feria
Nacional de Ciencias, Río Gallegos, 1997.
FUENTES
Conversaciones
personales con los maestros: Alfredo del Mónaco (Venezuela) y Dante Grela
(Argentina).
[1] César Franchisena (1923-1992),
músico argentino, compositor y docente.
[2] Indicaciones del
compositor en partitura.
[3] Expresiones recopiladas a
través del correo personal con el compositor, Febrero 2006.
[4] Ibidem.
[5] Cfr. SCHAEFFER (Pierre), Tratado
de los objetos musicales, Madrid, Alianza, 1996, p.23.
[6] Ibidem, p. 192
[7] Indicaciones del
compositor en la partitura.
[8] Trio (1974).
[9] LUTOSLAWSKI (Witold), en Gloses sur John Cage, CHARLES
(Daniel), cap. VIII (traducción castellana, Ciencia y Técnica, ISM-UNL, Santa
Fe, p.15).
[10] ENRÍQUEZ (Manuel), Indicaciones,
en Poemario.
[11] El intérprete mira la página
sin intención preconcebida y comienza con cualquier grupo, el primero que encuentran
sus ojos...; para continuar, el intérprete buscará al azar cualquier
otro grupo..., el cual tocará conforme a estas tres indicaciones
(tempo, dinámica, ataque). Indicaciones de interpretación en
partitura.
[12] Descartamos la sección I,
porque no hay alturas definidas.
[13] Una es séptima mayor placqué.
[14] Una es sexta menor (5ª +).
[15] Una es sexta mayor placqué.
[16] CHARLES (Daniel), Op. Cit,
cap. VIII, p. 24.
[17] GRELA (Dante), expresiones
recogidas de conversaciones personales.
[18] Ibidem.
[19] GRELA (Dante), Los lenguajes
del S. XX en la producción musical de
Latinoamérica, Santa Fe, I.S.M., U.N.L., 1996, p. 38.
[20] BROUWER (Leo), citado por
MATTERA (Carlos), La estética musical y Leo Brouwer.
[21] Ibidem.
[22] Ibidem.
[23] STORM ROBERTS (John), La
música negra afro-americana, Buenos Aires, Lerú, 1978, p.20.
[24] Recurso utilizado en la 1ª
unidad formal.
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